Mirando la prensa, uno no puede dejar de alucinarse un poco por el follón en el que se ha visto implicado el señor Max Mosley, gran jefazo de la Formula 1, cuando ha sido filmado y expuesto en una orgia sadomasoquista con prostitutas de lujo y estética nazi. Todo el mundo ha puesto el grito en el cielo como si fuese algo de lo que avergonzarse. Cuanta hipocresía y cuanto desconocimiento del asunto que hay. Ganas de vender carnaza putrefacta en los periódicos de la manera más patética y ruin. Para empezar, soy de los que piensa que este señor puede practicar sexo de la manera que más le apetezca, con quien le apetezca, y donde le apetezca. Si lo quiere hacer con prostitutas (y lo paga de su bolsillo) pues me parece estupendo. Si le gusta el rollo sado maso, pues estupendo también. Si le gusta morbosear con estética nazi (aunque lo visto en esa orgia era bastante cutre y feo), pues que haga lo que le de la real gana, siempre y cuando sea sano, seguro y consensuado. ¿Quién cojones somos todos los demás para decirle a este señor como tiene que correrse?. ¿A ti te gustaría que te fijasen la forma de practicar sexo?. Si no molesta a nadie, y lo hace de manera privada ¿porqué tenemos que criticarlo?. Ahora si me diese por ponerme en plan bíblico podría decir aquello de “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Y es aquí donde todos (o casi) se callarían. Todos tenemos nuestras pequeñas (o no tan pequeñas) manías y perversiones sexuales. Lo malo para Max, han sido las fulanas que le soplaron 3000 euros para cumplir con sus fantasías sado-nazi, y al mismo tiempo le grababan para vender las imágenes a un diario sensacionalista inglés. En el circo de la Formula 1 hay demasiados intereses creados. Y no me extrañaría nada que alguien le hubiese hecho la gran putada del siglo de esta manera.
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